Consuelo Álvarez, «Violeta», telegrafista, periodista, escritora de la generación del 98, ateneísta, política y defensora de los derechos de la mujer

Consuelo Álvarez Pool, Violeta, nació en Barcelona en 1867 y falleció en Madrid en 1959. Fue una mujer polifacética: telegrafista, periodista, escritora de la generación del 98, ateneísta, política y defensora de los derechos de la mujer.

Formó parte de la primera generación de mujeres telegrafistas. Desde muy joven siente la idea de la emancipación de la mujer, y piensa que sólo será posible con la emancipación económica.  Consuelo, al quedar huérfana a los 16 años y ser precaria la situación familiar, se presenta y aprueba un examen de Auxiliar Temporera de Telégrafos en mayo de 1885 con 17 años, aunque no ingresará en Telégrafos hasta 1908 por motivos presupuestarios de la Administración. Sin embargo, trabajó en Telégrafos, de forma ininterrumpida, durante más 25 años, hasta la edad de jubilación, simultaneándolo con el periodismo, la política, la publicación de sus obras, sus conferencias, dando clases de francés para adultos, con la asistencia al Ateneo para redactar sus crónicas en el periódico El País.

Fue una magnífica escritora, miembro de la generación femenina del 98, a la que también pertenecieron:  Emilia Pardo Bazán, Sofía Casanova, María de Maeztu y Carmen Burgos, Colombine. Pretendía modernizar España bajo el espíritu de regeneracionismo.

Ateneísta insigne, participó en las conferencias y tertulias del Ateneo de Madrid, desde 1910 hasta 1936, donde se relacionó con todos los literatos y políticos relevantes del país: Benito Pérez Galdós, Joaquín Costa, los hermanos Machado, Azorín, Francos Rodríguez, Valle Inclán, Baroja, Maeztu, Luis de Tapia, Alejandro Miquis, Manuel Azaña, etc.

Una de las primeras periodistas españolas, es la cuarta mujer que ingresa en la Asociación de la Prensa en el año 1907. Desde sus artículos en periódico El Progreso de Oviedo en 1902-1903, en La Conciencia Libre 1905-1907, en la revista semanal ilustrada La Vida Socialista en 1910-1914, pero sobre todo, en los que escribía a diario en el Periódico El País (1904-1921) defendió siempre todo lo que creía justo: los derechos del proletariado, la emancipación de la mujer, sus derechos, la protección a la infancia, se interesó por las cuestiones penitenciarias, formó parte de Asociaciones que trataron de combatir la enfermedad mediante medidas higiénicas.

Fue jefa de prensa con los Directores Generales de Telégrafos: Francos Rodríguez, Emilio Ortuño y Navarro Reverter (1915-1918) y redactora de la revista El Telegrafista Español, donde defendió la creación de una Escuela Superior de Telegrafía, origen de la Escuela Técnica Superior de Ingenieros de Telecomunicación.

Fue la primera mujer periodista de radio. En los inicios de la radiodifusión, pronuncia la conferencia «Lo que deben leer las mujeres» el 16 de diciembre de 1924 en Radio España. En enero y febrero de 1925, en la misma emisora, habla sobre «Lo que debe ser la mujer moderna» y «Los deberes sociales y familiares de la mujer».

Ingresa en la masonería en 1905, a los 38 años, con el nombre de Costa, como reconocimiento a la figura de Joaquín Costa a quien admiraba profundamente. Fue propuesta por el catedrático Miguel Morayta y pertenecía a la logia «Ibérica» nº 7 de Madrid. Como también ingresó Clara Campoamor en 1931 y los miembros más destacados de la política y de la cultura en general.

Su preocupación por los temas sociales, le llevó a participar en política desde muy joven. A dar mítines por toda España en 1906, a organizar la Agrupación Femenina, Las Damas Rojas de Madrid en 1909, para la defensa de la mujer, con el fin de conseguir sus derechos intelectuales y políticos, la implantación del divorcio, el derecho al voto, la mejora del trabajo femenino.

En 1907 apoya la candidatura republicana dando discursos junto a los candidatos por Madrid: Benito Pérez Galdós, Miguel Morayta y Sagrario, Rafael Fernández Calzada, Alfredo Vicenti y Rey, Luis Morote y Greus, Roberto Castrovido y Sanz que entre otros temas quieren implantar un estado laico y que la cultura llegue a todos los ciudadanos.

La primera mujer sindicalista que forma parte de la Junta Consultiva del Sindicato de Telégrafos en mayo de 1931, para conseguir mejoras para sus compañeros telegrafistas, cuando a ella sólo le quedaba un año para jubilarse. Sin embargo, ella había manifestado en 1912 que solo se subirán peldaños en el derecho de la emancipación de la mujer con la formación de los Sindicatos.

Fue candidata por Madrid en junio de 1931 por el partido Republicano Democrático Federal junto a Ramón Franco, entre otros, aunque no obtuvo escaño. Desde ese momento apoyó a su amiga y antigua telegrafista Clara Campoamor para conseguir el voto para la mujer.

Tiene de su lado Consuelo para crear opinión favorable al voto femenino: a un sector importante de la prensa, a grupos de intelectuales y sufragistas y sobre todo, a sus compañeros progresistas del Cuerpo de Telégrafos que siempre la habían apoyado en la consecución de sus ideales y habían confiado en ella, eligiéndola para que les representase en el Sindicato de Telégrafos.

Participó en el Congreso Internacional de Mujeres contra la guerra y el fascismo en julio de 1934 en Madrid. En la presidencia: Victoria Kent, Pasionaria, Encarnación Fuyola, Irene Falcón, Maria Teresa León y Evelyn Kant. En la sesión de clausura interviene Consuelo Alvárez; quiere sumarse a la protesta contra la guerra y el fascismo y animar a las mujeres españolas a luchar por tan noble postulado. Es elegida como delegada de esta Asociación para que vaya a París, al Congreso Mundial con motivo del Aniversario de la Guerra europea.

Consuelo Álvarez fue muy longeva, falleció a la edad de 91 años. No llegó a conocer el restablecimiento de la democracia, ni la dignificación de la mujer, pero al igual que la protagonista de su novela La Casona del Pinar, Blanca, lo más importante para ella era mantener la unión de sus hijos y nietos, en su Casona, en su país, y por eso se conformaría con ser la matriarca de la familia.

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